viernes, julio 15, 2005

2x18: The Higher Tower

El día de ayer me sentí por primera vez en mucho tiempo derrotado, derrumbado, muy mal. Tenía ganas de decirle al mundo lo injusto que era al arrebatarme la felicidad que tenía hasta hace poco y que tanto me había costado conseguir. ¿De qué valió entonces escribir hace algunos días lo feliz que me encontraba?

En las últimas semanas tuve conversaciones que me iluminaron y ayudaron a retomar el camino y a darme cuenta de que no todo está perdido. Sin embargo, ellas no fueron suficiente escudo como para protegerme de lo que se venía: una terrible noticia que cambió el rumbo de la historia. Cuando te llegan ese tipo de novedades, te pones a pensar, ¿realmente esto me está pasando? ¿Por qué a mi? No es justo!!! Te das cuenta simplemente que las cosas feas de la vida nunca están lejanas. Están más cerca de lo que creemos y hacerles frente es algo digno de valientes.

Es así que, una vez más queda demostrado que podemos ser buenos consejeros de los demás, pero no de nosotros mismos. Yo soy capaz de dar ánimos y alientos a quienes lo necesitan, pero es difícil aplicar eso conmigo mismo. Y pues, en ese momento de furia, simplemente necesitaba alguien de suma confianza con quien contar y poder decirle todo lo que me estaba pasando, y lo doloroso que era por primera vez ver tan de cerca una desgracia en mi vida. La persona indicada llegó por esos azares del destino, y simplemente, su solo escuchar permitió librarme de las cadenas que me impedían escuchar mi voz interior.

¿Saben qué fue lo clave de esa conversación? Empleé una frase bastante curiosa al renegar de lo negativo de mi momento: "me parece injusto que de un sólo golpe tumben la torre que vine construyendo desde hace tiempo y ahora tendré que construirla de nuevo". Terminada la conversación me quedé muy pensativo y me propuse simplemente construir mi "torre" de nuevo, dejar de lamentarme y hacerme caso a mi mismo: "mantén siempre ese ánimo y optimismo, tanto en la felicidad como en la adversidad".

Me quedé de amanecida terminando una presentación para un evento y en todo ese momento pude ordenar mis pensamientos y llegar a la conclusión de que nunca es tarde para volver a empezar, nunca debemos detenernos ante el peor obstáculo y lo más importante, nunca debemos perder el espíritu de lucha que día a día, alimenta nuestro ser y nos permite vivir en este mundo lleno de complicaciones.

Así pues, empezó un nuevo día y a la vez comenzó la construcción no de una mera torrecita, sino de una gran torre, más alta y robusta que la anterior. Con el transcurrir de las horas, simplemente, lo que vendría después me daría la razón. La esperanza y la fe también ayudaron bastante, y es así como, tras una arriesgada llamada pude recuperar mi trabajo; luego de unas bellas palabras le devolví los ánimos de luchar a la persona que más quiero; y gracias a un largo y productivo discurso volvió a mi esa confianza que me permite emprender nuevos desafíos.

Comparto nuevamente una grata experiencia con ustedes porque quiero no sólo dejar mis recuerdos y memorias aquí, sino que desearía que esto les pueda ayudar cuando en verdad lo necesiten. Y para terminar, lo haré con una frase que le dije a una gran amiga: "sabes algo, pude reconstruir mi torre y ahora es el doble de alto de lo que era antes".